01 · EL PROPÓSITO
DIOS CREÓ CON PROPÓSITO.
Antes de que existiera el mundo, Dios decidió mostrar su gloria y reunir todas las cosas bajo el gobierno de Cristo. La creación no es un accidente y nuestra vida no carece de significado: fuimos hechos para conocer a Dios, disfrutar de Él y reflejar su bondad.
La Biblia comienza con un mundo bueno, ordenado por la palabra de Dios. El ser humano recibió dignidad, responsabilidad y comunión con su Creador. Solo podemos comprender lo que está roto cuando primero vemos para qué fuimos creados.
El propósito de Dios es reunir todas las cosas en Cristo, tanto las que están en los cielos como las que están en la tierra.
EFESIOS 1:9–1002 · LA RUPTURA
NOS ALEJAMOS DE DIOS.
Todos elegimos vivir como si fuéramos nuestros propios señores. La Biblia llama pecado a esta rebelión. No es solamente cometer errores: es rechazar la autoridad y la bondad del Dios que nos dio la vida.
El pecado produce culpa delante de Dios y fractura todo lo que toca. Daña nuestros deseos, relaciones y comunidades. Su consecuencia final es la muerte y la separación del Creador. No podemos reparar esta ruptura por medio de buenas obras, religión o esfuerzo personal.
“Todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios.”
ROMANOS 3:2303 · LA BUENA NOTICIA
CRISTO MURIÓ Y RESUCITÓ.
Dios no abandonó su creación ni dejó al pecador sin esperanza. Jesucristo, el Hijo de Dios, vivió en perfecta obediencia, murió en lugar de pecadores y cargó con el juicio que merecíamos.
Al tercer día resucitó. Su victoria confirma que el sacrificio fue aceptado, que la muerte fue vencida y que Jesús es el Señor. En Él hay perdón, reconciliación con Dios y el comienzo de una creación renovada.
“Cristo murió por nuestros pecados… fue sepultado, y resucitó al tercer día.”
1 CORINTIOS 15:3–404 · LA RESPUESTA
ARREPIÉNTETE Y CREE.
La salvación no es una recompensa para quienes consiguen mejorar. Es un regalo de gracia que recibimos por medio de la fe. Arrepentirse significa abandonar la pretensión de gobernarnos y volvernos a Dios; creer significa descansar en la obra de Cristo.
Jesús llama a reconocerlo como Señor. La fe verdadera no añade méritos a la cruz: recibe con manos vacías lo que Cristo ya hizo y comienza a seguirlo.
“Arrepentíos, y creed en el evangelio.”
MARCOS 1:1505 · UNA IDENTIDAD NUEVA
DE EXTRAÑOS A FAMILIA.
Cuando alguien confía en Cristo, Dios le da vida, lo perdona y lo adopta como hijo. El pasado ya no tiene la última palabra y la identidad deja de depender de logros, fracasos o aprobación humana.
Cristo también nos incorpora a su pueblo. Derriba las barreras que nos separan y forma una nueva humanidad reconciliada con Dios. La iglesia no salva, pero hace visible la familia que Cristo compró con su sangre: un cuerpo con un mismo Señor y una misma esperanza.
Ya no somos extraños, sino miembros de la familia de Dios.
EFESIOS 2:1906 · UNA VIDA CON PROPÓSITO
SALVADOS PARA UNA VIDA NUEVA.
Las buenas obras no son la causa de nuestra salvación, sino su fruto. Dios nos transforma para amar, servir, buscar la reconciliación y reflejar el carácter de Jesús en la vida cotidiana.
Seguir a Cristo significa formar parte de su misión junto con la iglesia. Mientras esperamos que Él haga nuevas todas las cosas, vivimos con humildad, verdad y esperanza, anunciando el evangelio y haciendo el bien que Dios preparó para nosotros.
Somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras.
EFESIOS 2:10